Hay una japonesa que se llama como yo y
vende pescado
Hay un trapecista con barriga y cara de
tonto que hace lo que puede
Hay un buen hombre que me llama galeguiña
Y un anciano que se llama miguel que
viene a desearme suerte
Hay más putas y paquistaníes vendiendo
cerveza que minutos sin ti
Hay un hámster, dos gatos, y hasta hubo
cucarachas
Hay una italiana, una rumana, un chileno
y una colombiana
Hay un moro que me vende perchas y se ríe
del poco dinero que tengo
Hay un facha que me la tiene jurada
Y una trabajadora del Burger King que me sonríe
Hay dos inglesas borrachas que me tiran
los trastos
Y un gallego que me regala mecheros.
Ninguno sabe de ti, nadie sabe que te
espero cada día, ni que digo tu nombre al acostarme por si me funciona de
segundas, no saben porque a veces estoy tan triste, no saben nada, porque en el
momento en que yo explique un “yo tenía” pensarán que ya no te tengo, y yo no
quiero que piensen eso, porque no me gusta engañar a la gente.
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